Ratas en el Espacio Bajo el Piso
Para una rata, el espacio bajo el piso es la parte más atractiva de casi cualquier casa del condado de Whatcom: oscuro, tranquilo, con aislamiento y conectado a la calle por las ventilas. A diferencia del hueco de una pared, ahí vive y no solo pasa, y eso cambia el trabajo y la limpieza.
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Qué hacer, en orden
- Escuche ruidos bajo el piso al anochecer y hacia la madrugada, y anote cualquier olor a humedad y amoníaco o excremento en la cochera o en gabinetes bajos
- Si baja usted mismo, ventile primero, moje el material con desinfectante, use un respirador ajustado y nunca barra excremento seco
- No ponga cebo bajo la casa; una rata que muere dentro de la estructura del piso hay que atenderla dos veces
- Quite lo que las alimenta: semilla de pájaro tirada, comida de mascota y de gallinas en bolsas, composta abierta, fruta caída, botes sin tapa
- Pida la visita gratis, que recorre todo el largo del espacio bajo el piso y el exterior en lugar de asomarse desde la tapa
- Espere de dos a cuatro semanas de trampas, con las ventilas, la tapa y las perforaciones del cimiento selladas a la par conforme baja la actividad
- Deje el cambio de aislamiento para el final, y solo si la contaminación es extensa y no unos cuantos excrementos sobre mantas sanas
Por qué ahí y no en otro lado
Si usted fuera una rata en el condado de Whatcom, escogería el espacio bajo el piso: oscuro todo el día, sin nadie que entre en años, debajo de un piso con calefacción, forrado de fibra de vidrio para el nido, con una barrera de vapor bajo la cual escarbar, algo de agua, y abierto a la calle por ventilas puestas para el aire y no para la seguridad. Por eso es el trabajo de roedores grande más común aquí: la pared es un pasillo, y el espacio bajo el piso es una casa donde la población suele estar establecida.
Cómo se entera uno
Casi nadie lo descubre bajando a ver. Se anuncia con ruidos bajo el piso al anochecer y de madrugada — la rata pesa lo suficiente para oírse a través del piso —, con un olor a humedad y amoníaco que sube por las rendijas, con excremento en la cochera o el fondo de un gabinete bajo, o con un perro obsesionado con un punto del piso. O un plomero bajó por otra cosa y subió con noticias.
Lo que hacen ahí abajo
Casi siempre es la rata noruega, que escarba y vive al nivel del suelo. Marca rutas fijas por las orillas y los ductos, que se ven como manchas grasosas y huellas en el polvo de la barrera. Anida en el aislamiento, jalándolo de entre las vigas: un espacio con el aislamiento colgando en jirones no es una mala instalación. Roe madera, tubo de plástico y el forro de los cables, que es lo que más importa y lo que nadie ve. Y sube por cada tubo y cable que atraviesa la solera, por eso un problema bajo el piso se vuelve de cocina unas semanas después.
Por dónde entraron
Casi siempre hay una respuesta concreta, y en este condado suele ser una de cinco. Revisamos las cinco en cada visita, porque un edificio casi siempre tiene más de una y cerrar cuatro no resuelve nada:
- Las mallas de las ventilas, por mucho la más común: las viejas se corroen, y una ventila oxidada no es un defecto chico, es una abertura del tamaño del animal.
- La tapa de acceso, muchas veces una hoja de triplay que se ha quitado y puesto tantas veces que ya no ajusta, o que ya ni está.
- Las perforaciones del cimiento — agua, drenaje, gas, electricidad, cable, la línea de la bomba de calor —, casi todas selladas contra el clima y no contra los animales.
- La excavación bajo el cimiento, donde es poco profundo, donde una ampliación sobre losa toca un muro viejo, o donde la jardinería subió la tierra contra la casa.
- El faldón de terrazas y porches, que crea un hueco protegido conectado al espacio bajo el piso y casi siempre es decorativo y no sellado.
Lo que la alimenta afuera
A una población bajo el piso la sostiene algo arriba: comederos de semilla, comida de mascota en bolsas en la cochera, composta abierta, fruta caída, botes sin tapa, y el alimento de las gallinas, que conviene guardar en metal con tapa. Y las ratas no respetan linderos: en lotes chicos de Bellingham y Ferndale la población muchas veces la sostiene algo a dos casas, y ahí lo honesto es que cerramos su edificio y dejamos fuera a los animales, no que los sacamos de la zona.
Rata o ratón, bajo el piso
Piden respuestas distintas. El excremento de ratón es como un grano de arroz y en cantidad; el de rata mide media pulgada o más, con puntas romas. La rata deja manchas grasosas y caminos claros, y jala aislamiento por varias vigas; el ratón hace nidos del tamaño de un puño. El ratón pasa por un cuarto de pulgada y la rata agranda una abertura de ese tamaño, así que la norma de sellado es la misma, pero cambian las trampas y cuántas. En su página sobre ratas, UC IPM deja el paso de una rata en poco más de media pulgada.
Lo que le hace al resto de la casa
El cableado, cuyo daño no se ve desde adentro. Los ductos flexibles, que se rompen y pueden mandar a la casa aire de un espacio contaminado. La tubería de plástico, que se muerde y puede gotear bajo el piso por meses. Y el aislamiento jalado, que ya no aísla nada.
La limpieza, dicha con honestidad
Aquí el oficio tiene mala fama. La restauración completa — quitar todo el aislamiento, cambiar la barrera, desinfectar y volver a aislar — es un trabajo grande, a veces el correcto, y lo más fácil de vender de más. Se justifica con contaminación extensa: aislamiento jalado en buena parte de las vigas, nido por todo el espacio, saturación y un olor que sigue después. No se justifica por unos excrementos sobre material sano en un espacio seco. Donde queda en medio, a veces lo correcto es cambiar las dos o tres vigas peores y revisar en un año.
En el orden correcto
Primero las trampas: trampas de golpe en las rutas y las entradas de verdad, muchas, revisadas y movidas, porque la rata desconfía de lo nuevo por días. Dentro de un edificio no usamos cebo. Donde hay barrera de vapor, las ratas muchas veces caminan por debajo — la señal es un bordo serpenteante en el plástico —, y ahí cortamos, ponemos la trampa abajo y parchamos. Luego el sellado, con malla metálica, lámina, mortero y una tapa de acceso bien ajustada; la espuma sola no es un sello. Y la restauración al último, si hace falta, para hacerla una vez. Casi siempre hay también un problema de agua, y parte de lo que recomendamos no es trabajo de plagas.
Si va a bajar usted, y cuánto tarda
Si baja usted: ventile antes, no barra ni aspire en seco, moje el material con desinfectante antes de moverlo, use un respirador ajustado y guantes; la especie local que más importa para eso es el ratón ciervo. Para una casa típica son unas semanas: las trampas corren mientras se cierra el exterior y la actividad baja la segunda y tercera semana. Recorremos el espacio a todo lo largo con una lámpara y no desde la tapa, y la revisión de roedores es gratis.
Preguntas frecuentes
¿Tengo que cambiar el aislamiento?
No siempre, y no vamos a fingir lo contrario para vender el trabajo. Unos excrementos dispersos sobre un aislamiento sano no justifican cambiarlo todo. Sí lo justifican el nido extendido, la saturación con orina o el material jalado por todo el piso.
¿Por qué no nada más ponen veneno bajo la casa?
Porque se pierde el control de dónde muere el animal y no se aprende nada del tamaño del problema. Bajo los edificios trampeamos, para que las ratas salgan, se cuenten y se retiren en lugar de pudrirse en la estructura del piso.
¿Cuánto tarda en terminar de verdad?
Casi siempre de dos a cuatro semanas de trampas, porque la rata desconfía de lo nuevo. El sellado va al mismo tiempo, y la restauración, donde hace falta, va al último para no hacer el trabajo dos veces.
¿Van a volver el próximo invierno?
Solo si la entrada sigue abierta. Por eso el sellado es el trabajo y las trampas son lo que hace seguro sellar. Un espacio bajo el piso bien cerrado se queda cerrado.
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